miércoles, 31 de agosto de 2011

"Estaba desnudo, al borde de un acantilado. Muy abajo se encontraba el lago. Una fría explosión de granito se alzaba hacia el cielo sobre el agua inmutable. Ea agua parecía inmóvil; la piedra fluía. El lago tenia la quietud de ese breve instante de una batalla, cuando las fuerzas chocan entre si y los impulsos se detienen en una pausa mas dinámica que el movimiento. La piedra brillaba bañada por los rayos del sol. El algo era tan solo un anillo de acero fino que cortaba las rocas por la mitad. Las rocas se sumergían en la profundidad, inalterables. Comenzaban y terminaban en el cielo, de manera que el mundo parecía colgado en el espacio: una isla flotando en la nada, sujeta a los pies de ese hombre en el acantilado.
       Su cuerpo estaba como apoyado en el cielo. Era un cuerpo de lineas largas y ángulos rectos, con cada curva quebrándose en planos. Estaba de pie, rígido, con las manos colgando a los costados y las palmas vueltas hacia adelante.Tenia conciencia de los omóplatos juntos, el cuello erguido y el peso de la sangre en las manos, sentía el viento detrás de sí, en la curva de su espalda.
       El viento agitaba su cabello en el cielo.No era rubio no pelirrojo, sino que tenia el color exacto de una naranja madura.
       Se reía de las cosas que le habían ocurrido esa mañana y de las que tenia por delante. Sabia que los días venideros serian difíciles. Había cuestiones que tendría que enfrentar y debía preparar un plan de acción. Sabia que debía pensar en eso. También sabia que no pensaría, porque para el ya estaba todo claro, porque  hacia tiempo que el plan ya había sido fijado y por que quería reírse.
       Trato de analizarlo. pero lo olvidó. Miraba el granito y dejo de reír cuando sus ojos se detuvieron a ver el mundo que lo rodeaba."

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